Los
primeros homínidos, en cuanto a alimentación se refiere, no se
diferenciaban del resto de los mamíferos. Es decir se nutrían al
igual que ellos, de lo que encontraban más cerca, de aquello que
tenían a su alcance y que no les presentara demasiada complicación.
Es por lo que suponemos que los primeros alimentos ingeridos por
estos lejanos antepasados nuestros serían plantas, raíces y
pequeños animales como larvas e insectos.
Pero
demos un salto en el tiempo de unos cuantos miles de años, cuando
nuestros más lejanos antepasados comenzaron a caminar erguidos.
La
alimentación en un principio seria la misma que anteriormente, salvo
en una circunstancia, probablemente aumentarían su dieta a piezas
algo mayores. A algunos animales muertos y restos de piezas dejados
por otros depredadores, que ya satisfechos habían dejado su festín.
Por tanto es posible afirmar que nuestros más remotos antepasados
fueron carroñeros
antes que cazadores. Nuestros remotos parientes fueron
evolucionando, y gracias al descubrimiento de los primeros útiles y
herramientas, y espoleado por las necesidades paso a convertirse en
cazador. Con lo que ya tenemos las primeras formas de abastecimiento
alimentario, nos convertimos en cazadores-recolectores.
Pero
había períodos de escasez debidos a las inclemencias del tiempo, a
la disminución de la caza y a otros factores ambientales. Por lo
que se hacía necesario buscar métodos para prolongar la vida de los
alimentos, conseguir que algunos de estos fueran más digeribles, y
transformar en comestibles algunos que no lo eran. Y es a partir de
ahí cuando surgen los primeros inicios de lo que llamamos cocina.
La
primera técnica con la que nos encontramos es el colgado. Al colgar
la carne para dejarla pudrirse un poco, esta sufre una transformación
que la hace más digerible y le provoca un sabor más fuerte. Poco
después nos encontramos con el secado. Al secar al aire
determinados alimentos provoca en estos un cambio bioquímico que
alarga la conservación de estos al mismo tiempo que altera el sabor
y la textura de los mismos. También podíamos encontrar la técnica
del enterramiento, para provocar la fermentación. Y, ¿cómo no?,
el lavado. Al lavar los alimentos, estos se hacen más fáciles de
digerir al eliminar sustancias adheridas como polvo o tierra; e
incluso en algunos convertirlos en actos para comer al liberarlos de
algunas toxinas.
Pero
el elemento crucial fuel el fuego. Con el descubrimiento del fuego
nace la gran revolución de la cocina y el despegue de la cultura.
El
hombre primero vio el fuego en sus formas naturales, fue ahí
probablemente cuando se dio cuenta de su poder de transformación de
los alimentos, cuando probó los restos de algún animal muerto en un
incendio. Después lo cogió de sus fuentes naturales, y tuvo que
aprender a conservarlo. Más tarde aprendió a hacer fuego cuando lo
necesitaba. Y, por último adquirió el poder de controlarlo.
Fue
hace medio millón de años cuando comenzó a utilizarse el fuego. El
fuego tuvo el poder de socializar y unir a los hombres al lado de su
luz, calor y protección. El fuego tenía el poder de transformar
los alimentos, hacerlos más digeribles, cambiar el sabor haciéndoles
mas agradables; y, el poder de aumentar el número de alimentos
comestibles al destruir los elementos venenosos que contienen. El
fuego tuvo la virtud de convertir el acto de comer en una tarea
comunitaria. El fuego añade valores al acto de comer, la comida va
más allá de ser un mero acto de nutrición, da ocasiones para que
junto a la comida se originen festines, actos rituales y formas y
motivos de celebraciones.
La
primera forma en que se utilizó el fuego para transformar los
alimentos fue de una manera directa, la llama viva de las hogueras.
Después se utilizó la cocina a la brasa. Más tarde se pasó a
utilizar el calor del fuego para calentar piedras y cocinar los
alimentos en ellas (estamos ante al invención de la primera
plancha). Posteriormente se utilizó un hoyo, calentado con piedras
candentes, para cocinar los alimentos (es el primer indicio de
horno). También se utilizaron hoyos o pozos impermeabilizados con
una capa de arcilla endurecida, que se utilizaban para hervir, y eran
calentados por el mismo procedimiento de utilizar piedras candentes e
introducirlas dentro. Para hervir también se utilizaban el método
de colgar sobre el fuego, a modo de olla, una piel o tripa llenas de
agua.
Más
adelante, unos 11.000 años a.c., el hombre, empezó a utilizar
recipientes para cocinar, los primeros utensilios, para ese fin,
fueron seguramente receptáculos naturales como conchas o caparazones
de tortuga. Pero ocurrió que con el descubrimiento de la alfarería,
se dio paso a otra técnica: la fritura, al poder utilizar cacharros
de barro cocido.
Si
analizamos estos hechos con detenimiento, nos daremos cuenta de la
antigüedad de las técnicas de cocción, son las mismas que
actualmente con la salvedad de que hemos mejorado los aparatos, y por
consiguiente facilitado el proceso.
Otro
descubrimiento esencial es el de la fermentación. La fermentación
aparte de alargar la vida de los alimentos, provoca cambios en estos
que los transforman completamente alterando su gusto y estructura:
convierte frutas y cereales en bebidas alcohólicas, cereales en pan,
la leche en quesos…
He
aquí a grandes pasos como pudo ser, y fue, el nacimiento de lo que
hoy conocemos por cocina.
Pero
estos acontecimientos pueden plantear algunos interrogantes:
¿podemos cocinar sin fuego?, ¿podemos considerar un acto de cocina
el tornear un producto?, ¿podemos hablar de cocina antes del
descubrimiento del fuego?
Yo
tengo mis respuestas. Y, ¿vosotros?
Nota: Este artículo fue publicado en Chefuri.com