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domingo, 15 de septiembre de 2024

Lomo de cerdo en manteca colorá.-

 

Ingredientes;

  • Un trozo de lomo de cerdo

  • Un kilo de manteca de cerdo

  • Una o dos ñoras

  • De seis a ocho dientes de ajo

  • Un puñao, no muy grande, de orégano

  • Una pizca de vinagre

  • Pimentón dulce

  • Sal



Ponemos la manteca en una cacerola a fuego lento para que se vaya derritiendo. Mientras cortamos en lomo en unos cuantos trozos grandes y se lo añadimos a la manteca ya en el fuego.

Hacemos un majado en el mortero con el resto de los ingredientes, a excepción del pimentón, y lo añadimos.

Dejamos cocer a fuego lento hasta que este echo el lomo, no más de una hora, el tiempo dependerá del tamaño de los trozos de lomo.

Apartamos del fuego y le añadimos el pimentón removiendo para conseguir que la manteca se ponga colorá o roja.

Lo dejamos enfriar y ya podemos pasar a cortarlo y degustarlo.



Es un plato típico en muchas zonas de Andalucía. Es un plato que se come en frío, a una temperatura en que la manteca no este dura. Se puede conservar tranquilamente de una semana a diez días, ya que la manteca actúa como conservante de una manera natural.


La manteca sobrante la podemos reservar y utilizarla en esos desayunos tan populares en Andalucía, en los que se unta el pan tostado con la manteca, y sí le queda zurrapa mejor.



martes, 17 de agosto de 2021

Albóndigas de bonito con pistachos en salsa teriyaki.

 


Albóndigas de bonito con pistachos en salsa teriyaki.



  • Lomos de bonito limpios (sin piel ni espinas) o filetes de atún

  • Pasta de ajo

  • Pasta de jengibre

  • Sichimi togarashi

  • Cilantro picado

  • Pistachos pelados

  • Sal

  • Aceite para freir

  • Salsa teriyaki




  1. Cogemos el pescado y lo picamos. Podemos usar perfectamente una picadora de cuchillas.

  2. Le añadimos al pescado el resto de ingredientes; las pastas de ajo y jengibre, la mezcla de especias (togarashi), el cilantro picado un poquito de sal y los pistachos que abremos picado ligeramente con una picadora o con unos golpes de mortero. Dejamos la mezcla macerando, en el frigorífico, Unas doce horas o de un día para otro.

  3. Formamos con la farsa, que dejamos macerando, unas albóndigas, las freímos en aceite caliente y escurrimos sobre papel de cocina. Para formar las albóndigas yo me ayudé con un poco de almidón de tapioca, pero podemos usar, harina de arroz de maíz o harina simple de trigo.

  4. Una vez fritas y escurridas, calentamos una sartén, tipo wok, con un poco de aceite y calentamos la salsa teriyaki.

  5. Añadimos las albóndigas a la salsa y la calentamos en ella hasta que queden bien lacadas.

  6. Una vez calientes y laqueadas las servimos espolvoreando, si queremos, un poco de semillas de sésamo por encima.


Las acompañamos de una guarnición de pasta, arroz o lo que queramos. En esta caso las acompañe con unos noodles rápidos de trigo y avena, calentados en un poco de caldo con colorante alimentario, para ese tono amarillo. Y, después salteados con un poco de aceite de sésamo y virutas de shitake rehidratadas.


Sichimi togarashi. Mezcla japonesa de siete especias compuesta por: guindilla, semillas de sésamo, jengibre, cáscara de mandarina seca, alga nori, sansho (pimienta japonesa muy similar a la de sijuan) y semillas de cáñamo. Todo reducido a polvo. Se puede hacer ligeras variaciones como sustituir las semillas de cáñamo por semillas de amapola, o cambiar el tipo de pimienta o de alga seca.


Salsa teriyaki. Salsa japonesa con consistencia similar al caramelo líquido compuesta por tres partes de salsa de soja y mirin (a partes iguales) y una parte de azúcar moreno y sake (a partes iguales). Aproximadamente según gustos. Ponemos todo junto a reducir al fuego hasta obtener la consistencia deseada.

Ambos productos se pueden conseguir ya preparados con buenos resultados.


Las pastas de ajo y jengibre se pueden encontrar ya preparadas, pero no sé que tal estarán, ya que nunca las he usado. Yo la preparo con ajo y jengibre pelados y haciéndolos puré con la ayuda de una batidora y un poco de aceite. De esta forma se pueden conservar durante un tiempo guardadas en tarros de cristal.




lunes, 26 de diciembre de 2016

MANJAR BLANCO (Recetas con historia).

MANJAR BLANCO 

El manjar blanco se hace de esta manera. Primero se coge una gallina y ocho onzas de harina de arroz y media libra de agua de rosas y una libra de azúcar fino, y ocho libras de leche de cabra y si no la hubiere tomarás tres libras de almendras blancas y después cojeras la gallina que sea buena, gorda y tallosa y cuando quieras hacer el manjar blanco matarás la gallina y la desplumarás en seco, lávala bien y ponla a hervir en una olla que no hayas cocinado nada en ella, cuando la gallina este cocida un poco mas de la mitad, tomarás las pechugas y las deshilacharás como si fuera azafrán. Después tomarás el agua de rosas y la rociaras sobre las pechugas de gallina, después que vaya todo dentro de la olla que no sea de cobre ni estañada, porque podría tomar el sabor del estaño, y si fuera recién estañada haréis hervir mucho pan y lo haréis sudar mucho para que de esta manera se vaya fuera el sabor del estaño. Después pondrás la gallina en el caldo de ella misma y lo pondrás juntamente con la gallina y coge un meneador de madera y deshacerlo para que no tome sabor de la leña. Cogerás la mitad de la leche y la meterás dentro de la olla con la gallina, después pondrás la harina de buena forma y poco a poco para que no se agarre a la olla, y meterás allí ocho dineros de azúcar dentro de la olla y deja hervir poco a poco hasta que hierva la leche sin dejar de mover y guardarla bien del humo, y cuando el manjar se ponga claro la gallina estará bien, y si no es bastante no pongas más leche y cuando el manjar se ponga como queso asado esta cocido y pondrás el agua de rosas y lo gordo de la olla pero que sea limpio y no haya tocino. Y sabes que de una gallina traeras seis escudillas, déjalo sudar fuera del fuego y después harás la escudillas, y pondrás encima azúcar fino y de esta manera se hace el manjar blanco perfecto y bueno se puede probar siempre así.

Receta transcrita y traducida de el “Libre de doctrina per a ben servir, de tallar y del art de coch…” de Rupert de Nola. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Rupert de Nola fue maestro cocinero y cocinero del rey aragonés Fernando de Nápoles. Autor del primer libro de cocina publicado en castellano en el año 1525 con el titulo de “Libro de guisados”; cinco años antes había sido editado en catalán.

El manjar blanco fue un plato de enorme popularidad durante toda la Edad Media y el Renacimiento; Rupert de Nola aporta cuatro en su libro (De menjar blanch de caraba, do menjar blanch, de menjar blanch de malalt y el citado anteriormente). Es una receta que parece ser tiene su origen en los monasterios cercanos a Reus y con anterioridad al s.X, aunque los franceses también reclaman su autoría y lo sitúan en Languedoc; por sus ingredientes principales de claro origen musulmán parece más logico su origen español debido a la influencia árabe. La receta que nos aporta de Nola puede ser que la tomase prestada de “El llibre de Sent Soví”, uno de los libros de cocina más antiguos que se conocen, un compendio de recetas anónimas editado en catalán en el año 1324; posteriormente, prácticamente, no falto en ningún libro de recetas medievales ni renacentistas en múltiples versiones. Al principio se trataba de una crema espesa compuesta básicamente de gallina, arroz, almendras y azúcar. Es en los siglos XVI y XVII cuando este plato goza de más fama como comida de corte, en una época en la que predominaba una mezcla de lo dulce y lo salado.
El manjar blanco es una elaboración que ha ido evolucionando a lo largo de la historia hasta convertirse en un delicioso postre como el manjar blanc catalán o el blonc-monger francés, de ahí la variedad de recetas sobre el mismo plato que podemos encontrar en los distintos recetarios.
En la foto, en su versión postre. Elaborado con canela en rama
 y cáscara de limón infusionado en leche de almendras con azúcar
y espesado con sémola de arroz.

Manjar blanco según receta de A. Carême (1783- 1833):

Poner en agua hirviendo una libra de almendras dulces y veinte almendras amargas. Después de pelarlas, dejarlas en remojo en una cazuela de agua fresca, lo cual las blanquea de forma singular. Escurrirlas y secarlas frotando con una servilleta. Triturarlas en un mortero, agregando gradualmente una cucharada de agua para que no se vuelvan aceite. Cuando esten trituradas sacarlas del mortero y ponerlas en un cazo. Diluir las almendras en cinco vasos de agua filtrada. Después extender un paño liso sobre una fuente; echar el manjar blanco en el paño y retorcer hasta exprimir la esencia de la leche de almendras y añadir enseguida doce onzas de azúcar cristalizada y pasada por el tamiz de seda. Una vez disuelta el azúcar, colar de nuevo el manjar blanco con el paño y mezclar con la leche de almendras una onza y cuatro gramos de cola clarificada y templada para que se una perfectamente al manjar. Volcar este después en un molde. El molde debe ser colocado antes en 15 libras de hielo picado. Tres horas más tarde, cuando se vaya a servir, desmoldar según el procedimiento acostumbrado.

Posible actualización de la receta de R. de Nola:

- Hierve una pechuga de pollo en agua con un poco de sal.
- Aparte pon a hervir un l. de leche, ½ l. de nata y ½ l. de caldo de ave.
- Con parte de esta mezcla liga unos 300 g. de azúcar, 150 g. de harina de arroz, 150 g. de almendras picadas y peladas y la pechuga desmenuzada en tiras.
- Después de que haya hervido la mezcla de los líquidos durante unos 15’ añade los ingredientes ligados con parte de la mezcla y mantenlo en el fuego removiendo mientras hierve por otros 15’.
- Engrasa un molde adecuado y echa la mezcla.
- Déjalo reposar en frío el tiempo necesario.
- Desmóldalo y quemalo con azúcar por arriba.

En muchos países hispanoamericanos existen recetas con este nombre que han evolucionado en elaboraciones similares al dulce de leche.

Es una pequeña muestras de las distintas elaboraciones que puede tener un plato con el mismo nombre, con la misma base y con mucha historia.


Un saludo,



sábado, 26 de noviembre de 2016

SOBRE EL GAZPACHO




Hace tiempo que vengo observando que se le denomina gazpacho a ciertas elaboraciones culinarias que de gazpacho no tienen ni la primera letra, no se les parece en nada, ni en los ingredientes, ni en la elaboración. Considero por mi parte, que, además de confundir al personal, esas preparaciones son un acto de terrorismo gastronómico y sabotaje en un intento de desprestigiar al gazpacho de siempre. Hay cocineros de reconocido prestigio que han hecho innovaciones o adaptaciones sobre el respetando la base tradicional, tienen mis respetos y admiración.
Pero no para ahí la cosa, en la serie de atentados que se cometen contra el gazpacho he visto cometer atrocidades, bien por desconocimiento, bien por otras causas, que van contra todo sentido común y del buen gusto; basten como pequeños ejemplos el prepararlo con tomate frito en conserva o la ausencia de aceite de oliva.


El gazpacho probablemente sea la mejor sopa fría del mundo y nutritivamente es una autentica fuente de salud, que a pesar de su origen humilde y campesino se ha convertido en un plato casi obligado en las cartas de los mejores restaurantes; y, que ha servido de fuente de inspiración a innumerables preparaciones, desde clásicas a vanguardistas.

El gazpacho en un principio ni se llamaba así ni era como lo conocemos ahora. En Lo que no hay duda es en su nacimiento humilde y campesino y que su región de origen fue lo que hoy llamamos Andalucía. Puede ser que en sus primeras formas el gazpacho fuera introducido en la península Ibérica por los legionarios romanos que utilizaban para reponerse y como refrigerio una sopa a base de agua, vinagre, pan y ajo. Puede ser que los campesinos andaluces idearan para restablecerse y alimentarse en épocas de mucho calor y con los alimentos que tenían a mano las primeras formas de lo que posteriormente acabaría convirtiéndose en el gazpacho andaluz. Los gazpachos antiguamente eran blancos y estaban compuestos básicamente por ajo, pan, aceite, vinagre, sal y agua; dependiendo de la zona o el pueblo donde se elaborase podían tener algunos añadidos sobre estos seis elementos como almendras machacadas (ajoblanco), piñones, uvas, tomillo, comino, hierbabuena… o incluso alguna salsa similar a la mahonesa (gazpachuelos) o cualquier otro elemento.

No fue hasta finales del s. XVII o el XVIII cuando con la llegada de productos traídos de América como el tomate y el pimiento se produce un mestizaje que daría lugar al gazpacho tal como lo conocemos en la actualidad, al unirse estos a los seis elementos mencionados anteriormente.
Variedades de gazpacho existen muchas, prácticamente cada pueblo andaluz tiene la suya. Sin embargo el tradicional gazpacho andaluz es el rojo compuesto por los elementos mencionados anteriormente con la adición de pepino y cebolla de manera opcional, todo ello en crudo.
Partiendo de ahí cada provincia andaluza, e incluso extremeña y alguna otra, tienen sus variaciones sobre el habitual, que modifican de una manera u otra su sabor y presentación.

Del gazpacho tradicional surgen otras elaboraciones estrechamente emparentadas con él como pueden ser las siguientes:
- Ajos blancos: son blancos y llevan almendras crudas peladas.
- Salmorejos: son rojos y espesos y suelen ir guarnicionados.
- Gazpachuelos: se les incorpora yemas y/o claras o alguna salsa tipo mahonesa. Pueden ser fríos o calientes.
- Gazpachos calientes: son variaciones sobre el gazpacho que se elaboraban en temporadas menos calurosas.
Dentro de cada uno de estos grupos podemos encontrar distintas preparaciones que reciben diversas denominaciones o adjetivos diferenciadores. Además de las elaboraciones incluidas en estos grupos podemos encontrar infinidad de variaciones sobre el gazpacho o platos parecidos realizados sobre la base del gazpacho.

La forma tradicional de realizar el gazpacho es la de majar sus ingredientes e ir incorporando el aceite poco a poco y removiendo a mano hasta lograr una perfecta emulsión. Hoy día es perfectamente admisible el realizar el gazpacho con batidora eléctrica, artilugio que nos facilita enormemente el trabajo.

Mi receta de gazpacho andaluz.

1500 g. de tomate rojos, pero enteros
2 o 3 pimientos verdes tipo italiano o de freír (dependiendo del tamaño)
4 dientes de ajo
1 trozo de pepino
150 cl. de aceite de oliva virgen
35 cl. de vinagre de Jerez
Pan asentado (la cantidad dependerá del espesor deseado)
Sal
Agua (la justa para remojar el pan)

Lavar todas las verduras. Poner todos los ingredientes troceados y el pan sin escurrir dentro de un recipiente apto para poder usar la batidora, salvo dos partes de aceite. Introducir la batidora y triturar al máximo todos los ingredientes, ir incorporando poco a poco el resto del aceite a la vez que seguimos triturando, con menos revoluciones, hasta la perfecta integración de todos los condimentos. Rectificar, pasar por el chino y enfriar.
Opcionalmente le podemos preparar una guarnición, dependiendo de los casos.

Nota: Las medidas son aproximadas, dependiendo un poco de los gustos de cada uno.
Este artículo fue publicado originariamente en Chefuri.com



ESCABECHE de BONITO:

ESCABECHE de BONITO:

Un escabeche bien hecho por nosotros mismos no tiene nada que ver con esos que nos encontramos enlatados, es mucho más sabroso y de confianza. Es un plato que se puede apetecer, con la ventaja de que lo podemos realizar con antelación y se conserva perfectamente durante bastante tiempo.

 El escabeche es una de las elaboraciones más antiguas de la actualidad, no debemos olvidar que fue unos de los primeros métodos empleados para alargar la conservación de los alimentos. Con tanta aceptación que, además, acabó convirtiéndose en plato.

En este caso hemos utilizado bonito pero se puede realizar con otras muchas clases de pescado (atún, sardinas, caballas, etc.).

Ingredientes:

  • Una pieza de bonito de unos 3 kilos.
  • Aceite de oliva
  • Algo más de una tercera parte, de la cantidad de aceite empleado, de vinagre de vino
  • Sal
  • Cebolla al gusto
  • Blanco de puerro al gusto
  • Apio al gusto
  • De 5 a 8 dientes de ajo
  • Zanahoria al gusto
  • Pimienta negra en grano a discreción
  • Unos clavos de olor
  • Unas hojas de laurel
  • Pimiento verde y rojo de forma opcional

Todos los ingredientes los cortaremos en juliana.

Primero cogeremos el bonito y le sacaremos los cuatro lomos.
Los fileteamos, sazonamos y los freímos ligeramente en el aceite y reservamos.
En el mismo aceite que utilizamos para freír el pescado iremos añadiendo progresivamente, la cebolla, el puerro, el apio, los ajos y la zanahoria.
Añadimos los granos de pimienta, el clavo y el laurel.
Si queremos le añadimos pimiento verde y rojo.
Le echamos el pimentón, removemos y le añadimos el vinagre.
Dejamos que empiece a hervir e incorporamos los filetes de pescado que habíamos prefrito, procurando que queden cubiertos.
Dejamos enfriar y guardamos en el frigorífico. Lo comemos fresquito al día siguiente.


Hay van unas cuantas fotos del proceso: